Colectivos de búsqueda denuncian que el Estado mexicano pretende utilizar la Copa Mundial de la FIFA 2026 como una fachada de normalidad para ocultar la emergencia humanitaria de desapariciones forzadas. Mediante campañas internacionales, las familias buscan romper el cerco informativo y alertar a los visitantes extranjeros.
Estrategia de visibilización frente al evento deportivo global
La organización del Mundial 2026, donde México funge como una de las tres sedes principales, representa un escenario de contradicción profunda para las víctimas indirectas del crimen organizado y la violencia institucional. Colectivos como Luz de Esperanza Desaparecidos, Jalisco, sostienen que la administración pública busca proyectar una imagen de seguridad y estabilidad que no corresponde con la realidad estructural del país. Las familias han manifestado con determinación que, si el gobierno insiste en emplear la justa deportiva como un escaparate de falso bienestar, las calles se convertirán en el espacio de protesta necesario para recordar que una nación no puede celebrar el deporte mientras su territorio funcione como una fosa clandestina.
Jorge Berástegui González, quien mantiene la búsqueda de su hermano Antonio y su sobrino Antonio Jesús Berástegui Escobedo —desaparecidos desde 2009 en Coahuila bajo responsabilidad de la Policía Municipal y el grupo delictivo Los Zetas—, enfatiza la urgencia de confrontar el discurso oficial. La campaña nacional e internacional denominada "Hagamos que suceda hasta encontrarles" se presentó formalmente en la Glorieta de las y los Desaparecidos, ubicada en Paseo de la Reforma, como un mecanismo para informar a los millones de turistas y medios de comunicación que arribarán al territorio sobre la crisis que se intenta invisibilizar de manera sistemática.
Medidas de prevención para visitantes extranjeros
La iniciativa no solo busca la denuncia, sino que actúa como una advertencia directa para quienes planean asistir al evento. La impunidad, descrita por los familiares como la norma imperante en el sistema de justicia, convierte la estancia en el país en un riesgo que la narrativa gubernamental omite. La vigilancia de organismos externos se percibe como la única vía para garantizar la verdad ante la ineficacia de las instituciones locales.
- Respaldo internacional: Las familias reiteran su apoyo total al Comité Contra la Desaparición Forzada de las Naciones Unidas.
- Gestión en la ONU: Existe la expectativa de que la problemática escale hasta la Asamblea General del organismo internacional.
- Falla del sistema: Se denuncia un sistema judicial que, por incapacidad técnica o política, no logra frenar los crímenes de lesa humanidad.
Denuncia del abandono institucional y la manipulación de cifras
El colectivo señala un intento sistemático por parte de las diversas administraciones para matizar las estadísticas de desaparición y administrar el dolor de las víctimas a través de simulaciones. La presencia de observadores de la ONU se interpreta como el resultado directo de una lucha social ante la negligencia de un Estado mexicano que no ha contenido la violencia.
Las familias marcan una diferencia clara entre la temporalidad del servicio público y la permanencia de su causa. Mientras los funcionarios ocupan cargos con fecha de caducidad por ambiciones políticas, los buscadores permanecen sin descanso. La consigna es clara: no se otorgará a las autoridades la tranquilidad que brinda el silencio. Héctor Flores y Liliana Meza, padres de jóvenes víctimas de desaparición y posible reclutamiento forzado, subrayan que el Mundial será utilizado como un biombo para ocultar las graves violaciones a los derechos humanos ante la comunidad internacional.
Realidad alterna frente a la crisis humanitaria
La crítica se extiende a la creación de una realidad paralela por parte del gobierno, enfocada en disminuir la crisis mediante el manejo de cifras en lugar de acciones efectivas de búsqueda y justicia.
La vandalización de estos sitios se interpreta como un intento del Estado y sus actores afines por borrar la responsabilidad política y ocultar los rostros de quienes faltan. Sin embargo, para los colectivos, cada agresión a sus símbolos fortalece la memoria colectiva y la determinación de continuar las labores de búsqueda que las autoridades han omitido.




