El 5 de febrero de 2026, la Casa Blanca, a través de su secretaria de Prensa, Karoline Leavitt, advirtió al gobierno cubano que moderara sus declaraciones dirigidas al presidente Donald Trump, argumentando que Cuba se encontraba "al borde del colapso". Leavitt afirmó que el mandatario estadounidense estaba dispuesto a entablar un diálogo diplomático con La Habana, una postura que Miguel Díaz-Canel, presidente cubano, aceptó bajo la condición explícita de que este se realizara sin presiones externas ni violación de la soberanía.
Esta dinámica de confrontación y oferta diplomática simultánea marca un momento crítico en las relaciones bilaterales, donde Washington busca establecer la pauta para la negociación al tiempo que subraya públicamente la fragilidad económica y política de la isla.
Advertencia desde Washington: Cuba debe ser prudente
Karoline Leavitt, secretaria de Prensa de la Casa Blanca, emitió una fuerte advertencia desde Washington ese jueves 5 de febrero de 2026. Leavitt señaló que el gobierno cubano debería ser "prudente en sus declaraciones dirigidas al presidente de Estados Unidos", un requisito justificado por la administración Trump bajo el argumento de que Cuba está “al borde del colapso”.
La declaración de la funcionaria buscaba modular el tono de La Habana, aunque inmediatamente mitigó el efecto al asegurar que el presidente Trump "está dispuesto a entablar un diálogo diplomático", sugiriendo que ese proceso ya estaba en curso con el Gobierno cubano.
El rechazo cubano al bloqueo y la exigencia de soberanía
Más temprano ese mismo jueves, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, había delineado la postura de su país. Aseveró la disposición de su gobierno al diálogo con Washington, pero insistió en que cualquier conversación debe llevarse a cabo sin presiones y debe respetar la soberanía del país.
Díaz-Canel utilizó el contexto de las tensiones para denunciar la política de asfixia económica que percibe de parte de Estados Unidos. Calificó el "bloqueo energético" estadunidense contra la isla como "condenable" y señaló que resulta "agresiva" y "criminal" que una potencia como Estados Unidos asuma tal política hacia un país pequeño.
Asfixia económica y ayuda humanitaria: Un contraste estratégico
La retórica de resistencia por parte de la población cubana es notable, en medio de las afectaciones diarias a la vida en la isla. Los ciudadanos, ante el escenario que denominan "asfixia petrolera", afirman con determinación que “Trump no nos va a poder robar nuestro futuro” y critican el intervencionismo, señalando que “No le gusta al imperio saber que hay personas que luchan contra él”.
Esta presión económica y política se produce paralelamente a la asistencia humanitaria focalizada. Jeremy Lewin, alto funcionario del Departamento de Estado, explicó que Estados Unidos destinaría 6 millones de dólares en ayuda a Cuba, si bien la mayor parte está designada para los damnificados del huracán ‘Melissa’. Estos suministros, que incluyen arroz, frijoles, pasta, latas de atún y lámparas solares, serán canalizados a través de la Iglesia católica y su rama de ayuda humanitaria, Cáritas.
La administración de Trump proyecta una imagen dual: por un lado, lanza advertencias que rozan la injerencia al definir la condición política interna de Cuba; por otro, mantiene abierta la puerta diplomática y ofrece ayuda selectiva. La efectividad de esta estrategia dependerá de si La Habana considera la oferta de diálogo como un camino genuino o meramente un intento de utilizar la vulnerabilidad económica de la isla como palanca de negociación.


