La asfixia de Donald Trump reduce la sobrevida de niños con cáncer en Cuba

La asfixia de Donald Trump reduce la sobrevida de niños con cáncer en Cuba

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El bloqueo económico contra la isla caribeña, intensificado durante la administración de Donald Trump, ha impuesto un dilema moral y práctico devastador en el sector salud cubano, especialmente en oncopediatría. Las restricciones energéticas y la dificultad para adquirir insumos básicos han forzado una modificación crítica en los protocolos de tratamiento. Lo que realmente importa es el impacto directo en la esperanza de vida de los pacientes más vulnerables: los niños con cáncer.

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La consecuencia más lacerante de esta asfixia se mide en estadísticas de sobrevivencia. Cuba había logrado alcanzar una sobrevida para los casos de cáncer infantil del 80 por ciento, una hazaña que colocaba a la nación caribeña casi a la par de países desarrollados, los cuales manejan cifras de entre el 80 y el 90 por ciento. Sin embargo, el recrudecimiento de las restricciones obligó al Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología de La Habana a tomar decisiones difíciles.

El impacto real: la reducción de la sobrevida oncológica infantil

Ante la limitación de recursos, los equipos médicos han tenido que sustituir los medicamentos de primera línea por alternativas de segunda línea. El resultado es directo y trágico: la sobrevida ha disminuido al 65 por ciento, según informó el doctor Carlos Alberto Martínez, jefe de la Sección de Control del Cáncer en el Ministerio de Salud. Aunque esta cifra está por encima de los propósitos que hoy piden organismos internacionales, representa un retroceso para los resultados cubanos.

Para el profesional de la salud, esta situación es profundamente cruel, tal como lo describe el doctor Luis Curbelo Alonso, director del Instituto.

> “En unas condiciones como la de hoy, uno tiene el conocimiento, la experticia, el equipo de trabajo para enfrentar algo que puede ser curable o puede ser controlable y, sin embargo, no tener el medicamento. Es algo muy lacerante como profesional. No nos podemos sentar con un paciente y de frente decirle: tiene esta enfermedad y no puedo hacerte nada. Eso no está en nuestra conciencia.”

El oncólogo es un profesional que se va formando en el optimismo. Si logra prolongar la vida de un paciente con una calidad adecuada, aunque sea por tres o seis meses, lo ve como algo grande. Pero la asfixia trumpista atenta contra ese optimismo médico.

El Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología es el centro rector en Cuba para el tratamiento, investigación y cura del cáncer. Su sala pediátrica tiene 20 camas disponibles, de las cuales actualmente son atendidos 12 niños. Muchos de estos pacientes provienen de provincia, pero se benefician de que el servicio médico y las medicinas son totalmente gratuitas en la isla.

Un conjuro visual: la oncopediatría resiste con color

A pesar de la gravedad de la situación, el área destinada al tratamiento infantil en el Instituto busca exorcizar la dolencia a través de la atmósfera. La doctora Mariuska Forteza Saéz, responsable de oncopediatría, explica la necesidad de este ambiente:

> “El niño que tiene cáncer, no es ya un niño que va a jugar o a ir a la escuela. Su vida social va a cambiar completamente. Y se necesita un extra para enfrentar eso.”

Se requiere acompañar a ese niño y a su familia con todo el apoyo psicosocial necesario, para que se reubiquen en su nueva realidad y acepten los tratamientos, que siempre son dolorosos y muy complejos. También es necesario que acepten que en su nueva vida va a haber aislamiento social.

Visualmente, el salón de juegos es una fiesta para la vista.

  • Un mural exhibe a un niño, esbozando una enorme sonrisa, cabalgando un alazán café, blandeando una espada y enfilando rumbo al final de un arcoíris.
  • Cerca de las ventanas llenas de luz, un autobús de madera roja lleva en su techo un tesoro de globos y pelotas.
  • Los escritorios y pupitres están llenos de dibujos iluminados con los más intensos y variados colores. No hay ilustraciones en blanco y negro, pues la explosión de color opera como una especie de conjuro contra la desesperanza.

Más allá del medicamento: el cerco a la vida diaria

El bloqueo se ha recrudecido y se ha complicado con aspectos que van más allá de la adquisición de insumos y medicamentos. La situación es muy grave, según la doctora Forteza. El estrangulamiento energético de la administración de Donald Trump ha provocado grandes carencias que afectan la logística básica de la atención sanitaria.

Las restricciones afectan la logística básica del tratamiento:

  • Transporte: La falta de combustible ha agravado los problemas de transporte tanto para los pacientes (muchos de ellos de provincia) como para los trabajadores del hospital.
  • Alimentación: Los pacientes oncopediátricos y los oncológicos en general requieren una dieta diferente al resto de la población debido a sus necesidades especiales. Ahora es más difícil acceder a esa comida.
  • Apoyo externo: La ayuda que algunos pacientes recibían de familiares en el extranjero para hacer su vida hospitalaria más llevadera ya no está presente, lo cual añade una complicación extra a las que ya existían.

El asfixiante cerco estrecha las posibilidades de que los médicos cumplan con su deber e infringe dolores adicionales a los enfermos y a sus familiares.

De la solidaridad a la asfixia: el contraste cubano

El espíritu de solidaridad del sistema sanitario cubano contrasta fuertemente con la asfixia que padece. Fernando González, quien está al frente del Instituto Cubano de Amistad de los Pueblos, recuerda que, en momentos críticos para Estados Unidos, como durante el huracán Katrina, Cuba formó la brigada Henry Reeve y ofreció a sus médicos para participar en las labores de recuperación en Luisiana, pero Estados Unidos rechazó su presencia.

Este espíritu solidario se demostró hacia países con muchos más recursos, como cuando la isla envió brigadas médicas a Italia o Andorra durante el covid-19. La isla ha compartido vacunas, demostrando que su espíritu es compartir lo que tienen, no solo lo que les sobra. Esta visión está encapsulada en la frase de José Martí: "patria es humanidad".

Es legítimo cuestionarse cuánto más hubiera hecho Cuba por el mundo si no estuviera sometida a la asfixia económica. En la isla se han desarrollado productos que pudieran salvar vidas en Estados Unidos.

Un ejemplo clave es el Heberprot-p, un medicamento desarrollado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología. Este producto logra índices elevados de sobrevivencia para las extremidades en pacientes con diabetes que tienden a desarrollar úlceras, evitando un número significativo de amputaciones de miembros. La imposibilidad de su uso en Estados Unidos debido al bloqueo significa que muchos enfermos estadounidenses no se pueden beneficiar de este avance.

La medicina cubana se mantiene como un aro de solidaridad en medio de la oscura noche del mercantilismo y la privatización de los sistemas de salud. El doctor Martínez asegura que seguirán buscando alternativas que permitan la sustentabilidad de lo logrado. Médicos como Mariuska Forteza, Carlos Alberto Martínez y Luis Curbelo, junto a un equipo excepcional de profesionales sanitarios, luchan diariamente contra las carencias y limitaciones materiales provocadas por el capricho del trumpismo de pretender derrotar a un pueblo insumiso. Su enorme amor a la humanidad, a la vida y a su profesión los hacen inclaudicables.

Al final de ese arcoíris pintado en la pared de la sala de oncopediatría, gracias a su esfuerzo y a un sistema que pone la salud por delante de la ganancia, se encuentra la puerta a un mundo de esperanza. ¿Qué costo humano, medido en porcentaje de sobrevida, está dispuesto a asumir el mundo ante la persistencia de un cerco que castiga precisamente a aquellos que dedican su vida a sanar?


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