Bad Bunny en el Supertazón: el acto de resistencia que canibalizó la cultura dominante

Bad Bunny en el Supertazón: el acto de resistencia que canibalizó la cultura dominante

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El show de medio tiempo de Bad Bunny en el Supertazón fue mucho más que un espectáculo musical; se convirtió en una declaración poderosa de identidad y pertenencia continental. Al exclamar "God bless America" y nombrar luego a países hispanos, el artista puertorriqueño convirtió una tensión lingüística en un mensaje de inclusión masiva.

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Este momento se interpretó, especialmente en México, Puerto Rico y comunidades latinas en Estados Unidos, como un acto de orgullo y reivindicación cultural. Un artista que canta en español logró dominar el escenario más visible de la cultura pop estadounidense sin tener que traducirse a sí mismo, demostrando que la visibilidad cultural convive con la vulnerabilidad política en el contexto latinoamericano.

El juego lingüístico de "God bless America"

La frase "God bless America", una expresión habitual en inglés para referirse únicamente a Estados Unidos, fue resignificada por Bad Bunny. La clave radica en la diferencia semántica: en español, la palabra América se refiere al hemisferio completo, y no exclusivamente a un solo país.

Al exclamar la frase y después extender el concepto para incluir a decenas de naciones, Bad Bunny transformó esta tensión lingüística en una declaración abierta de inclusión. Este gesto tuvo una resonancia inmediata, pues muchas personas en América Latina históricamente han rechazado la idea de que el gentilicio "americano" pertenezca solo a Estados Unidos.

La antropofagia cultural y la periferia

El significado del Supertazón se amplió rápidamente más allá del entretenimiento. Expertos y académicos ofrecieron lecturas sobre la trascendencia de esta intervención desde la perspectiva de la cultura periférica.

Liliana Colanzi, escritora boliviana y doctora en literatura comparada por la Universidad de Cornell, describió el evento como un acto de "antropofagia" o canibalismo cultural.

En sus redes sociales, Colanzi escribió que el acto fue:

  • El supremo acto de antropofagia: ir a uno de los espacios culturales más grandes del imperio y canibalizarlo.
  • Una celebración y reinvindicación de la cultura latinoamericana.
  • Una resignificación magistral de la cultura dominante desde la periferia.

Además, Colanzi señaló que fue una intervención "perfectamente consciente de la historia colonial latinoamericana y puertorriqueña", la cual fue escenificada y cuestionada a través de la vitalidad y la enorme energía erótica que caracterizan al "caníbal" en términos del modernismo latinoamericano.

El debate sobre la visión colonizada

No obstante, existen otras lecturas que matizan el alcance de esta reivindicación. La idea de que el valor cultural fluye únicamente desde Estados Unidos es cuestionada por algunos analistas, quienes sugieren que esto refleja una perspectiva "colonizada" moldeada por la historia, el poder y los medios.

José Manuel Valenzuela, investigador en estudios culturales del Colegio de la Frontera Norte, en Tijuana, advirtió que si bien el momento protagonizado por Bad Bunny es real, este no consigue borrar las desigualdades más profundas. Esas desigualdades son precisamente las que hacen que este tipo de giros culturales sean percibidos como tan novedosos.

Bad Bunny como nueva corriente dominante

El fenómeno del artista puertorriqueño en el Supertazón también se interpreta como una señal de un cambio en la definición de la corriente dominante en Estados Unidos.

Vanessa Díaz, profesora asociada de estudios chicanos y latinos en la Universidad Loyola Marymount y coautora del libro P FKN R: Bad Bunny y la música como un acto de resistencia, sostiene que la actuación refleja un cambio amplio en lo que define el gusto popular y lo que alcanza a las audiencias mayoritarias en ese país.Puntos clave del análisis de Díaz:

  • Bad Bunny no es un artista alternativo.
  • Es parte de la corriente dominante.
  • Esta corriente ya no se centra necesariamente en la música en inglés o en audiencias blancas.

Lo que generó sorpresa en muchos observadores no fue solo que un artista cantando en español llegara a este escenario, sino que Bad Bunny lo lograra después de años de éxito global, manteniendo su idioma, incluso entre oyentes que no hablan español.

La aparición de Bad Bunny en un escenario tan institucionalizado como el Supertazón nos obliga a preguntarnos: si los códigos de la cultura dominante han sido reescritos por la periferia sin tener que pedir permiso o traducirse, ¿estamos presenciando la verdadera fractura de las jerarquías culturales históricas, o es este solo un espejismo que oculta desigualdades estructurales persistentes?


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