El espectáculo de medio tiempo del Supertazón 60, protagonizado por Bad Bunny, desencadenó una petición formal de investigación federal. El representante ultraconservador Andy Ogles, de Tennessee, exigió al Comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes una indagación sobre la NFL y NBC Universal por transmitir un contenido que calificó de “explícito e indecente” y no apto para la audiencia familiar.
Este llamado a la acción legal no se centra solo en las letras; revela una tensión política y cultural profunda en Estados Unidos. Ogles cuestiona la coreografía y la temática de las canciones, mientras que para la crítica, la actuación del artista puertorriqueño fue un contundente mensaje de unidad y amor, incluso interpretado como un reproche directo a la dura ofensiva migratoria impulsada por el presidente Trump.
El argumento del congresista Ogles: explícito e indecente
El legislador Andy Ogles, conocido por su postura ultraconservadora, manifestó su ofensa ante los "temas líricos sexualmente explícitos y la coreografía sugerente durante la transmisión familiar más vista del año". Su denuncia formal, enviada en una carta abierta, busca determinar si la emisora "cumplió adecuadamente con sus responsabilidades" de protección de audiencia.
El perfil político del representante de Tennessee ayuda a entender el contexto de su queja. Ogles ha abogado consistentemente por el nacionalismo cristiano en Estados Unidos, se opone férreamente al aborto y al matrimonio igualitario. Además, ha propuesto una enmienda constitucional para permitir que el presidente Trump cumpliera un tercer mandato y ha presentado cargos de destitución contra jueces que no fallan a su favor.
Críticas específicas a las canciones
Ogles no se quedó en la generalidad. Sus críticas detallaron dos canciones específicas del set de Bad Bunny:
- Safaera: La criticó por su “contenido lírico gráfico, incluyendo referencias a relaciones sexuales y otros temas explícitos”. No obstante, la versión de la canción, que sí incluye letras en español que detallan varios actos sexuales, interpretada durante el show de 13 minutos de la final de la NFL, no incluyó esas palabras explícitas.
- Yo Perreo Sola: La describió como “una canción con temática de twerking y perreo acompañada de una coreografía que presenta movimientos abiertamente sexualizados que incluyen twerking generalizado, empujes pélvicos y otras conductas sexualmente sugerentes”.
Aunque el set de Bad Bunny se realizó predominantemente en español, el representante Ogles aseguró que el “contenido sexual permaneció claramente evidente a través de cualquier barrera”. En la red social X, Ogles calificó la actuación como "pura obscenidad".
Contexto político y cultural de la polémica
El show de medio tiempo fue mucho más que lo que Ogles describió. El artista puertorriqueño incorporó diversos elementos que resaltaron el orgullo por Puerto Rico y un mensaje de optimismo.
Entre los momentos que el legislador ignoró en su denuncia se encuentran:
- Conmovedores homenajes a Puerto Rico, incluyendo ancianos jugando en una mesa.
- Una boda real en vivo, a la que asistió la estrella del pop Lady Gaga.
- La entrega de un premio Grammy a un niño de cinco años que supuestamente representaba a su yo más joven.
- Un mensaje gigante exhibido sobre el Levi's Stadium en San Francisco: "Lo único más poderoso que el odio es el amor".
El escritor Mark Beaumont, en una reseña para The Independent, interpretó que la actuación de Bad Bunny fue un "torbellino colorido en una misión para mostrarle al mundo el valor vivaz de su gente". Beaumont sostuvo que, si bien “la letra, al ser traducida, puede que sea pura amor, sexo y tequila, su mensaje general es claro”. Beaumont lo contrapuso al ambiente ultraconservador, preguntando: “¿Preferirías estar aquí bailando con Bad Bunny o viendo a un grupo de amargados y aburridos del country en un miserable bar tejano?”.
El congresista Ogles, al parecer, no era un fanático de este "botín multicultural". La actuación que celebraba el amor y la unidad fue vista, de hecho, como un reproche directo a la ofensiva migratoria promovida por el presidente Trump.
Historia de la indignación moral en el espectáculo
Las quejas sobre actuaciones musicales con referencias sexuales o consideradas sugerentes no son un fenómeno nuevo en Estados Unidos. La indignación moral en el entretenimiento se remonta al menos a la década de 1950, cuando hubo afirmaciones de que los jóvenes estaban siendo corrompidos por el baile “indecente” de Elvis Presley.
El propio Supertazón tampoco es ajeno a este tipo de quejas. En 2020, 17 legisladores republicanos escribieron una carta quejándose por la actuación de Jennifer López junto a Shakira en Florida. En esa ocasión, los legisladores despotricaron diciendo que la ropa de las artistas era escasa, que fueron "manoseadas por bailarines masculinos y femeninos en el escenario" y que "hizo gestos sexualmente sugerentes y actuó en un tubo de striptease".
Las demandas de investigación al congreso
La carta de Andy Ogles solicita al Comité de Energía y Comercio una "investigación formal del Congreso" sobre la NFL y NBC Universal.
Específicamente, el legislador pide al Congreso que analice los siguientes puntos:
- El conocimiento que tenían la NFL y NBC Universal “con respecto a la naturaleza explícita de las canciones seleccionadas”.
- Los procesos de traducción y aprobación del programa.
- Los protocolos de protección de las emisiones.
- Las implicaciones más amplias para la responsabilidad de las emisoras.
La música pop, especialmente aquella con raíces en culturas ajenas al establishment conservador estadounidense, se ha convertido históricamente en un blanco fácil para la censura política. La exigencia de una investigación federal por un show que, a fin de cuentas, promovía el amor y la unidad, demuestra que el escenario del Supertazón es tanto un espacio de entretenimiento masivo como un campo de batalla cultural recurrente. La pregunta clave no es si Bad Bunny fue indecente, sino por qué la indignación moral sigue siendo la herramienta política preferida cuando se busca deslegitimar una expresión cultural que se opone a narrativas nacionalistas cerradas.


