La región del Medio Oriente ha entrado en una fase de conflicto abierto este 28 de febrero de 2026. Irán ha ejecutado la "Operación Verdadera Promesa 4", lanzando una ofensiva de misiles y drones contra la infraestructura militar de Estados Unidos en el Golfo Pérsico, en respuesta a bombardeos previos de la coalición liderada por Donald Trump y Benjamín Netanyahu.
¿Cómo se reconfigura la seguridad regional tras la ofensiva iraní?
¿Qué dinámicas previas y proyecciones operativas definen la crisis?
La trayectoria de la industria de defensa y seguridad revela que la semana previa a la ofensiva iraní fue un ejercicio fallido de contención. Entre el 24 y el 26 de febrero, se observó una intensificación del despliegue militar estadounidense con la llegada de dos portaaviones y 50 aviones de combate adicionales a la región. El 27 de febrero, se procedió al cierre preventivo de espacios aéreos civiles en Jordania y Líbano, anticipando la inminencia del conflicto. La madrugada del 28 de febrero marcó el inicio de la ofensiva coordinada de Trump y Netanyahu contra centros de mando y el programa nuclear iraní, lo que precipitó la represalia.
En cuanto al comportamiento proyectado para los próximos 7 días, Irán ha advertido que esta es solo la "primera fase", anticipándose una segunda ola de ataques con el despliegue de su arsenal de misiles de largo alcance hacia Israel. La inestabilidad en la aviación es inminente; aerolíneas como Air France y Lufthansa mantendrán la suspensión de vuelos a Tel Aviv, Dubái y Riad, convirtiendo la zona en un área de exclusión aérea de facto. La inestabilidad energética representa un riesgo sistémico; la amenaza de bloqueo en el Estrecho de Ormuz podría disparar los precios del petróleo a niveles históricos si las hostilidades no se detienen en las próximas 48 horas, impactando directamente en la cadena de suministro global.