La Policía de Israel impidió este 29 de marzo de 2026 el ingreso del Cardenal Pierbattista Pizzaballa y el Custodio de Tierra Santa a la Basílica del Santo Sepulcro, cancelando la misa de Domingo de Ramos. La medida responde al conflicto bélico con Irán y al cierre de sitios sagrados por seguridad pública.
Seguridad nacional y el colapso de la libertad de culto en la Ciudad Vieja
El veto impuesto a la máxima jerarquía católica de Jerusalén se articula sobre tres ejes determinantes que han alterado la dinámica religiosa de la región. La guerra abierta entre Israel e Irán, iniciada el 28 de febrero de 2026, ha situado a la capital como un objetivo prioritario de ataques con proyectiles de largo alcance. El precedente del 12 de marzo, cuando un misil interceptado provocó daños estructurales en el Patriarcado Greco Ortodoxo, ha servido de base jurídica y operativa para que el Gobierno de Benjamin Netanyahu dictamine el cierre preventivo de los templos.
Esta doctrina de seguridad se complementa con las restricciones de aforo dictadas por el Comando del Frente Interior. Actualmente, las reuniones públicas están limitadas a un máximo de 50 personas debido a la configuración urbanística de la Ciudad Vieja. Las autoridades policiales sostienen que la estrechez de los callejones impide el despliegue de servicios de emergencia o evacuaciones masivas en caso de impacto de misiles durante las festividades de Semana Santa.
Parálisis litúrgica y la ruptura del Status Quo histórico
La transición de la preparación espiritual a la inactividad absoluta se consolidó el pasado 22 de marzo con la cancelación de la procesión del Monte de los Olivos, evento que tradicionalmente reúne a más de 25,000 peregrinos. Este patrón de restricción no es aislado; durante el reciente mes de Ramadán, la Explanada de las Mezquitas experimentó protocolos similares, extendiendo el bloqueo a los tres pilares religiosos de la ciudad: el Muro de las Lamentaciones, Al-Aqsa y el Santo Sepulcro.
- Ruptura histórica: No se registraba un bloqueo total al Patriarca Latino para oficiar en el Domingo de Ramos desde las epidemias de peste del siglo XIX o los periodos más restrictivos de la ocupación otomana.
- Desviación del equilibrio: Ni los conflictos de 1948 o 1967 habían provocado una suspensión de esta magnitud en los ritos pascuales bajo el amparo del Status Quo de 1852.
- Impacto diplomático: El Ministerio de Asuntos Exteriores de Italia ha convocado formalmente al embajador israelí para exigir garantías sobre las ceremonias de Jueves y Viernes Santo.
Proyecciones para la Semana Santa bajo fuego
A pesar de las declaraciones del primer ministro Netanyahu asegurando la ausencia de "mala intención" y la búsqueda de soluciones logísticas, el escenario más probable para la Vigilia Pascual es la celebración a puerta cerrada o el traslado de los ritos a sedes periféricas fuera de los muros de la Ciudad Vieja. La tensión entre el derecho a la libertad religiosa y la emergencia bélica ha convertido a Jerusalén en el epicentro simbólico de una crisis sin precedentes modernos.
La comunidad cristiana global, que suma 2,400 millones de fieles, observa cómo la economía local de la Ciudad Vieja colapsa ante la ausencia total de flujo de peregrinos. El aparato de seguridad israelí prioriza la mitigación de riesgos de víctimas múltiples, mientras que el Patriarcado Latino de Jerusalén califica la decisión como una desviación extrema de los principios de razonabilidad y respeto a los acuerdos históricos que rigen la convivencia en Tierra Santa.
