La persecución global del petrolero sancionado Aquila II, rastreado por las fuerzas militares de Estados Unidos desde el mar Caribe hasta el océano Índico, culminó en su abordaje y retención. Esta operación, según el secretario de Guerra Pete Hegseth, forma parte de una estrategia más amplia para ejercer presión sobre Venezuela y desmantelar su ‘flota fantasma’ de contrabando de crudo tras el incidente con el presidente Nicolás Maduro ocurrido el 3 de enero de 2026. Aunque el buque fue interceptado vacío, el incidente marca un punto de inflexión en la aplicación extraterritorial de las sanciones estadounidenses.
Washington dejó claro que la captura de embarcaciones ligadas al suministro ilegal de petróleo venezolano será implacable, sin importar la distancia. El secretario de Guerra Hegseth, al dirigirse a trabajadores de astilleros en Maine, estableció una directriz militar sin precedentes en este contexto: "La única instrucción que giré a mis comandantes militares es que ninguno de ellos escape. No me importa si tenemos que darle la vuelta al mundo para atraparlos; los vamos a capturar". Esta postura subraya el esfuerzo por tomar el control de los activos energéticos venezolanos.
La logística de la persecución transcontinental y el buque fugitivo
El Aquila II, un petrolero con bandera panameña, se convirtió en el objetivo principal luego de huir de las costas venezolanas tras el operativo contra el presidente Maduro a principios de enero.
Samir Madani, cofundador de TankerTrackers.com, confirmó que el Aquila II era uno de al menos 16 buques que abandonaron la costa venezolana el mes pasado. La organización utilizó imágenes satelitales y fotografías de superficie para documentar los movimientos del barco. Los datos transmitidos el 9 de febrero de 2026 confirmaron que el buque no transportaba crudo en el momento de la interdicción.
Perfil operativo del Aquila II
El historial del Aquila II revela un patrón operativo ligado a actividades ilícitas que lo habían puesto previamente en el radar de Estados Unidos.
La publicación del Pentágono en la red social X apuntó que las fuerzas armadas "realizaron una interdicción marítima" en la embarcación, la cual "huyó y lo seguimos" tras desafiar la cuarentena en el Caribe.
Retención y la distinción legal respecto a otras incautaciones
A pesar de la retórica agresiva, el manejo del Aquila II difiere sutilmente de las acciones previas de Washington. El gobierno estadunidense ha incautado siete petroleros en el marco de sus esfuerzos por controlar el petróleo venezolano. Sin embargo, en el caso del Aquila II, un funcionario del Pentágono explicó que no fue incautado formalmente para quedar bajo control de Estados Unidos.
En su lugar, el barco es retenido mientras Estados Unidos toma una decisión final sobre su destino. Este matiz, ofrecido por un funcionario bajo condición de anonimato, sugiere que la situación legal del buque sigue pendiente de la resolución política y administrativa interna.
Activos navales involucrados en el operativo del Índico
La operación de abordaje en el océano Índico requirió el despliegue de unidades navales especializadas. Aunque un oficial de la Marina no reveló las fuerzas precisas usadas para el abordaje, confirmó la presencia de destructores y un buque base móvil en el área de operación.
Los activos navales confirmados operando en el Índico incluyen:
- El destructor Pinckney.
- El destructor John Finn.
- El buque base móvil Miguel Keith.
El Pentágono distribuyó videos en redes sociales que mostraban a soldados abordando un helicóptero de la Marina que despegaba de un barco con el perfil del Miguel Keith, así como imágenes del petrolero tomadas desde el helicóptero con un destructor navegando a su lado. El mensaje de Washington es claro: la extensión de su alcance militar para hacer cumplir las sanciones no tiene límites geográficos.