La presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en Italia para apoyar las operaciones de seguridad de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina ha desatado una fuerte crisis política y social. A pesar de las aclaraciones del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de EE.UU. de que el personal solo realizará labores de apoyo diplomático e investigación de riesgos transnacionales, la indignación crece, alimentada por los recientes incidentes violentos protagonizados por el cuerpo en Minneapolis, que llevaron al asesinato de dos activistas.
La chispa de la controversia: ¿por qué el ICE en Milán-Cortina?
La controversia se originó tras informes periodísticos que revelaron que la delegación de seguridad estadounidense para los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebrarán del 6 al 22 de febrero, incluiría a personal del ICE. Este anuncio generó inmediatamente una reacción de rechazo entre legisladores y figuras de la oposición italiana.
Funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU., incluyendo a la portavoz Tricia McLaughlin, confirmaron que el ICE tendrá una "función de seguridad" en Italia, pero insistieron en que el cuerpo no llevará a cabo operaciones de control de inmigración en territorio extranjero.
El papel específico recae en la División de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI), la componente investigativa del ICE.Según las autoridades estadounidenses, la misión es doble:
- Apoyar al Servicio de Seguridad Diplomática del Departamento de Estado de EE.UU.
- Colaborar con el país anfitrión para investigar y mitigar los riesgos provenientes de organizaciones criminales transnacionales.
El Departamento de Estado también especificó que su Servicio de Seguridad Diplomática está liderando el esfuerzo de seguridad en Milán. Estas agencias han apoyado la seguridad de diplomáticos estadounidenses en eventos olímpicos anteriores, una práctica que la embajada de EE.UU. en Roma citó para normalizar la situación.
El rechazo de la oposición y el alcalde de Milán
El contexto de las redadas migratorias en Estados Unidos impulsadas por el presidente Donald Trump, y la creciente agresividad de la agencia en ese país, es lo que ha provocado la ira en Italia.
El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, fue una de las voces más duras, declarando que las autoridades locales no necesitan al ICE para garantizar la seguridad. “No son bienvenidos en Milán”, afirmó Sala, que tachó al cuerpo de seguridad con términos contundentes:
> “Esta es una milicia que mata, una milicia que entra en las casas de la gente, firmando sus propios permisos. Está claro que no son bienvenidos en Milán, sin ninguna duda”.
Sala incluso cuestionó abiertamente: “¿Podríamos alguna vez decirle ‘no’ a Trump? No se trata de romper relaciones ni de crear un incidente diplomático, pero ¿podríamos decir no?”. Argumentó que los agentes del ICE no deberían venir a Italia porque “no están alineados con nuestra forma democrática de garantizar la seguridad”.
Otros políticos se unieron a la condena. El ex primer ministro italiano Giuseppe Conte instó al gobierno de la primera ministra Giorgia Meloni a "establecer nuestros propios límites" y "tomar decisiones claras". Conte criticó la respuesta oficial como un acto de "reverencias" ante Estados Unidos, destacando que "tras la violencia callejera y las muertes en Estados Unidos, ahora nos enteramos por su portavoz que agentes de ICE vendrán a Italia".
Por su parte, el político veterano Carlo Calenda advirtió que los agentes “no deben poner un pie en Italia”, calificándolos de “milicia violenta, no preparada y fuera de control”. El eurodiputado del Partido Democrático, Alessandro Zan, consideró el despliegue "inaceptable", señalando que Italia no quiere a quienes "pisotean los derechos humanos y actúan al margen de cualquier control democrático".
La senadora del Partido Demócrata Cristina Tajani denunció que la imagen proyectada por el ICE es "lo más alejado del espíritu de inclusión y convivencia" propio de una cita olímpica.
La violencia en Minneapolis como telón de fondo
La indignación italiana no es un asunto puramente teórico; está directamente ligada a los sucesos de Estados Unidos. En las semanas previas al anuncio, agentes federales de ICE mataron a dos ciudadanos estadounidenses en Minneapolis, en el contexto de intensas protestas contra las redadas migratorias. Una de las víctimas fue nombrada en los medios italianos como Alex Pretti.
Además, la televisión estatal RAI emitió un video en el que se veía a agentes del ICE amenazando con romper el cristal del vehículo de un equipo de la RAI que informaba sobre las manifestaciones masivas en Minneapolis.
Varios estadounidenses residentes en Milán, que hablaron con CNN bajo anonimato por temor a represalias, expresaron su confusión e incredulidad ante la medida de las autoridades de EE.UU., y su preocupación por la reputación internacional de su país bajo la agenda del presidente Donald Trump.
El gobierno de Meloni entre la diplomacia y la presión interna
Ante el aluvión de críticas, el gobierno italiano intentó manejar la crisis diplomática.
El ministro de Asuntos Exteriores de Italia, Antonio Tajani, buscó apaciguar los ánimos, asegurando que la función del ICE es técnica, no de orden público. "Aclaremos: no es que vengan a mantener el orden público en plena calle. Vienen a colaborar en las salas operativas", declaró a la radio italiana RAI. Tajani defendió la presencia del cuerpo señalando que vienen de una unidad específica "responsable de la lucha contra el terrorismo" y desestimó la comparación con el escuadrón nazi, agregando: “No es que hayan venido las SS”.
La postura del ministro del Interior, Matteo Piantedosi, fue más ambigua y generó confusión. Inicialmente, Piantedosi había asegurado que el ICE “no operará en territorio italiano” y que la seguridad la garantiza el Estado italiano, calificando la polémica de "basada en nada". Posteriormente, sin embargo, el Ministerio del Interior repitió que Estados Unidos no había confirmado la composición de su dispositivo de seguridad. Piantedosi tenía programado reunirse con el embajador de EE.UU. en Italia para "aclarar" el alcance y la escala de las operaciones del ICE.
La delegación estadounidense que asistirá a la ceremonia inaugural del 6 de febrero estará encabezada por el vicepresidente J.D. Vance, acompañado por Usha Vance (segunda dama) y el secretario de Estado, Marco Rubio.
La tensión revela la delgada línea diplomática que el gobierno italiano debe transitar: mantener la seguridad de un evento global y, al mismo tiempo, responder a la fuerte sensibilidad nacional sobre la soberanía y los métodos democráticos de seguridad, especialmente cuando se enfrentan a un cuerpo de seguridad foráneo con una reputación doméstica tan dañada. ¿Permitirá la primera ministra Giorgia Meloni que la presión diplomática de Estados Unidos pase por encima del rechazo explícito de los líderes locales, como el alcalde de Milán? La respuesta definirá más que solo la seguridad de unos juegos.



