La seguridad de las terminales marítimas mexicanas fue puesta a prueba recientemente en el puerto de Tampico, Tamaulipas, cuando la Secretaría de Marina (Semar) condujo un ejercicio masivo que elevó de Nivel I a Nivel II la protección del recinto. Este simulacro, que implicó el cierre preventivo de accesos y la suspensión temporal de actividades, buscó medir la capacidad de respuesta ante una potencial alteración del orden público en uno de los puntos más estratégicos para el comercio exterior nacional.
Entender por qué la Semar realiza este tipo de ejercicios requiere mirar el estándar global: el cumplimiento del Código Internacional para la Protección de los Buques y de las Instalaciones Portuarias (PBIP). Es un esfuerzo de coordinación complejo que involucra a múltiples dependencias, confirmando que la seguridad marítima se mantiene como una prioridad en las operaciones del Golfo de México.
La metodología del simulacro: elevación de protección a nivel II
El ejercicio fue orquestado por la Primera Zona Naval en colaboración directa con la Unidad Naval de Protección Portuaria (UNAPROP) dentro de las instalaciones operadas por la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona).
El protocolo se activó al simular una situación crítica:
- Detección de amenaza: Un grupo de personas representó una alteración del orden público al obstruir los accesos principales.
- Impacto inmediato: El bloqueo afectó de manera momentánea la entrada y salida de personal y vehículos dentro del recinto portuario.
- Respuesta: La situación fue detectada de inmediato gracias al sistema de videovigilancia.
Tras la alerta, se detonó el protocolo de seguridad obligatorio.
¿Qué sucede cuando se aplica el nivel II del código PBIP?
La elevación del nivel de protección, de Nivel I a Nivel II, no es un cambio menor. Este incremento implica una aplicación más rigurosa de medidas de seguridad predefinidas.
La respuesta inmediata de las autoridades incluyó:
- Incremento formal del nivel de protección portuaria.
- Despliegue de unidades de reacción de la Marina.
- Restricción absoluta de los accesos principales.
- Cierre preventivo de entradas estratégicas al puerto.
Mientras el simulacro se desarrollaba, se llevó a cabo la suspensión de operaciones dentro del recinto portuario para coordinar eficazmente las acciones.
Coordinación esencial: un puerto estratégico en el Golfo
La maniobra exigió una coordinación precisa entre diversas autoridades, lo que subraya la complejidad de la gestión portuaria moderna. La Semar se coordinó activamente con:
- Autoridades marítimas.
- Capitanía de Puerto.
- Aduana Marítima.
- Sanidad Internacional.
- Seguridad privada del recinto.
Una vez que los participantes en el simulacro simularon su retiro y el orden fue restablecido, las operaciones portuarias pudieron reiniciarse.
La Secretaría de Marina destacó que el valor real de este ejercicio reside en su capacidad para evaluar tres pilares clave de la seguridad operativa: las comunicaciones internas, los tiempos de reacción del personal desplegado y la correcta aplicación de los procedimientos de seguridad en el terreno. Este nivel de preparación es clave, dado que el puerto de Tampico es uno de los nodos logísticos más estratégicos para el comercio exterior en el Golfo de México.
La realización constante de estos simulacros demuestra que, en la cadena logística global, el punto débil no solo puede ser la infraestructura, sino la rapidez con la que las diversas dependencias son capaces de unificar su respuesta. Si la interrupción de un acceso por un grupo de personas puede paralizar las operaciones, ¿qué tan robustos son realmente los protocolos ante amenazas mayores? La prueba de Tampico ofrece datos vitales para afinar esa respuesta.



