La ceremonia del Sábado de Gloria en Hermosillo culminó con la quema simultánea de más de 500 máscaras en las ramadas de El Coloso, La Matanza y La Revolución, un acto de purificación que simboliza el fin de las mandas y el cierre del ciclo ritual iniciado en Cuaresma.
El fuego como eje de redención en las ramadas urbanas
La quema de máscaras de al menos 500 fariseos en cada una de las ramadas del centro de Hermosillo marcó este Sábado de Gloria el cierre de la Semana Santa yaqui. Las ceremonias se ejecutaron de forma simultánea en enclaves históricos como las colonias El Coloso, La Matanza y La Revolución. Frente a las llamas, los chapayecas, todavía cubiertos con sus indumentarias de piel, madera y plumas, finalizaron semanas de mandas, danzas y rezos.
Este acto representa la purificación de las faltas cometidas durante el periodo ritual y la renuncia simbólica a la traición de Jesucristo. Es una práctica transmitida de generación en generación que transforma el entorno urbano en un escenario de fe profunda.
Organización comunitaria y estructura del periodo ritual
Durante cuarenta días, el tejido social de colonias como Coloso Alto, Coloso Bajo, La Revolución y La Matanza experimenta una metamorfosis integral. La vida cotidiana de estos sectores se detiene para girar exclusivamente en torno a la celebración, estableciendo una estructura jerárquica y funcional que asigna responsabilidades específicas:
- Fariseos y chapayecas: Ejecutores de la penitencia y protagonistas de la quema.
- Danzantes y músicos: Encargados de mantener el ritmo y la narrativa sonora de la tradición.
- Padrinos y cantoras: Soporte ritual y espiritual durante las procesiones.
- Mayordomos: Responsables de la logística y el orden dentro de la ramada.
Desde las primeras horas del día, familias completas se concentraron en la ramada principal para observar los últimos recorridos de los chapayecas antes del sacrificio de sus máscaras al fuego.
Testimonios de fe y la evolución de la manda familiar
La permanencia en el ritual responde a un sentido de pertenencia que se fortalece con los años de tradición y cultura. Para Fernando Montejano, quien acumula más de tres décadas dentro de esta práctica, la participación es una evolución constante. La transición de roles es habitual; Montejano inició su camino como fariseo y actualmente desempeña la función de músico, manifestando el deseo de que sus hijos y sobrinos den continuidad al legado.
Por su parte, Humberto Burruel, con 22 años de trayectoria como danzante de venado, reafirma que esta identidad cultural es el motor de la celebración. No obstante, las motivaciones personales también juegan un papel crucial en la integración de nuevos miembros. Judas Padilla, en su segundo año como fariseo, cumplió una manda motivada por la salud de su padre.
"Es tradición, pasión, entrega y muchos sentimientos en conjunto. Hice la manda porque mi papá está enfermo del ojo y quiero que se alivie; primero Dios así será", declaró Padilla al finalizar la ceremonia.
Raíces históricas y resistencia cultural en Sonora
La Cuaresma yaqui, que se extiende formalmente por 47 días, funciona como un periodo crítico de formación espiritual y cohesión social. En Hermosillo, estas prácticas poseen un arraigo histórico que se remonta a principios del siglo XX. El asentamiento original de los grupos yaquis ocurrió en las inmediaciones de la antigua penitenciaría, estructura construida con mano de obra indígena durante el Porfiriato.
A pesar de la expansión urbana y el crecimiento de la ciudad, las colonias fundadas por estos grupos conservan intacta su organización ritual. Cada año, la afluencia de ciudadanos, vecinos y visitantes de distintos municipios confirma la relevancia de estas ramadas como uno de los centros de expresión cultural más significativos del noroeste mexicano.
