La cancelación del sistema CBP One, implementada por Estados Unidos desde el 20 de enero de 2025, provocó un estancamiento masivo de personas en la frontera norte de México. Específicamente, en Ciudad Juárez, Chihuahua, la mayoría de los migrantes que quedaron en la zona llevan varados más de seis meses sin una ruta legal clara para solicitar asilo.
Esta situación revela el profundo impacto humanitario que tienen los cambios unilaterales en la política fronteriza. Un sondeo realizado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) entre julio y diciembre del año pasado dimensiona la magnitud de la crisis, mostrando que la vida de miles de venezolanos, hondureños y guatemaltecos se encuentra suspendida en la incertidumbre del lado mexicano.
El impacto del cierre de cbp one en la frontera norte
La decisión de suspender el mecanismo digital de solicitud de asilo dejó a la población migrante en una situación de vulnerabilidad prolongada. La OIM, al encuestar a 272 extranjeros en albergues, espacios públicos y centros de atención, identificó a venezolanos, hondureños y guatemaltecos como los grupos más afectados, seguidos de colombianos, cubanos, ecuatorianos y salvadoreños.
Estos datos sugieren una composición de viaje predominantemente individual o familiar, lo que complica la búsqueda de redes de apoyo durante el prolongado periodo de espera.
Radiografía del estancamiento: datos clave de la oim
La evidencia recolectada por la OIM entre la población varada en Ciudad Juárez dibuja un panorama de precariedad legal y habitacional. La mayoría ha debido buscar soluciones temporales para el alojamiento en la ciudad.
Pero lo que realmente subraya la dificultad es su estatus migratorio en México. El 82 por ciento de los encuestados afirmó que no contaba con documentos que regularizaran su situación migratoria. Solo una minoría poseía algún tipo de permiso oficial:
La frustración del proceso de asilo
A pesar del cierre del sistema, la mayoría de los varados intentó usarlo en algún momento. El 62 por ciento del total de encuestados señaló haber intentado obtener una cita a través de CBP One.
Lo más complejo es que, del grupo que intentó solicitar asilo, el 30 por ciento sí había conseguido una fecha para entrar a Estados Unidos. Sin embargo, no pudieron concretar su entrada debido al endurecimiento de las políticas fronterizas impulsadas por el presidente Donald Trump. Este dato refleja cómo los cambios políticos súbitos invalidaron procesos que ya estaban avanzados para miles de personas.
Más allá del cruce: las necesidades urgentes de la población varada
La situación prolongada de espera ha transformado las prioridades de la población migrante. Su enfoque ya no está únicamente en cruzar, sino en la supervivencia diaria en el lado mexicano.
Entre sus necesidades primordiales, la generación de ingresos es la más apremiante, señalada por el 75 por ciento de las personas.
La necesidad de generar ingresos está directamente ligada a su situación laboral. El 45 por ciento estaba desocupado, pero buscando activamente un empleo, mientras que el 16 por ciento estaba inactivo, sin intenciones de encontrar un trabajo. Por otro lado, el 23 por ciento tenía un empleo asalariado y el 16 por ciento laboraba por cuenta propia.
Esta población ha comenzado a resignificar sus planes migratorios, aceptando la permanencia forzada en México. El 67 por ciento indicó que consideraba quedarse en la localidad actual de Ciudad Juárez. Solo el 8 por ciento aún mantenía la intención inmediata de llegar a Estados Unidos, mientras que el 15 por ciento buscaría regresar a su país de origen o residencia habitual, y el 6 por ciento planeaba trasladarse a otra localidad dentro de México.
La realidad de Ciudad Juárez, más de medio año después del cierre de un mecanismo de asilo, es el reflejo de una frontera que se convierte en un embudo. El estancamiento obliga a la población migrante a pasar de ser transeúntes a residentes temporales de facto, con la urgencia de integrarse económicamente a una comunidad que no siempre tiene la capacidad para absorberlos. ¿Hasta qué punto la política migratoria del norte seguirá determinando el futuro social y económico de las ciudades fronterizas mexicanas?