La tradición en Tuxtla Chico, Chiapas, consiste en la elaboración de dos kilómetros de alfombras de aserrín de colores que se extienden sobre las calles para honrar la procesión de la Virgen Santa María de Candelaria. Esta manifestación de fe y arte, con más de medio siglo de antigüedad, es el eje central de las festividades que atraen cerca de 200 mil visitantes anualmente, consolidando al municipio como la autoproclamada "capital cultural del Soconusco".
El atractivo no se limita a la devoción religiosa; es una muestra artesanal que combina la paciencia "quirúrgica" de los residentes con la rica gastronomía local, destacada por sabores como el chocolate, pan y tamales. Este esfuerzo comunitario es tan significativo que, según reportó Edgar H. Clemente el 02 de febrero de 2026, ha merecido la atención nacional e internacional.
Raíces históricas y el sincretismo fronterizo
La veneración a la Virgen Santa María de Candelaria en Tuxtla Chico se basa en una historia local que conecta directamente a Chiapas con Guatemala y data del siglo XVII.
Romeo Barrios Moreno, integrante del Consejo Parroquial de la localidad, relató que la tradición se origina tras el hallazgo de tres vírgenes en el mar del pacífico mexicano durante aquel siglo. De estas tres imágenes:
- Virgen de Tránsito: Fue trasladada a un poblado en Guatemala.
- Santa María de Candelaria: Permaneció en Tuxtla Chico.
- Inmaculada Margarita de Concepción: Se quedó en Mazatán, Chiapas.
Desde entonces, estas imágenes han sido veneradas con gran devoción por las comunidades fronterizas de México y Guatemala, creando un fuerte lazo cultural y religioso que se manifiesta en estas celebraciones artísticas.
Anatomía de la fe: el arte en aserrín de 2 kilómetros
Las alfombras de aserrín son la máxima expresión del sincretismo y la fe de los residentes de Tuxtla Chico. Las familias trabajan en plasmar sus peticiones y agradecimientos con una notable creatividad, utilizando las alfombras como lienzos efímeros.
Margarita Concepción Coello Nájera, de 69 años de edad, es un testimonio vivo de esta continuidad. Ella ha participado en la elaboración de las alfombras durante las últimas tres décadas y ha logrado sumar a sus hijos y nietos, transformando el cumplimiento religioso en una genuina tradición familiar.
Ella enfatiza la motivación detrás del esfuerzo colectivo: “Tenemos mucha fe en la Virgen, siempre nos cumple lo que pedimos, principalmente salud y bendición para la familia. Nos toca cumplirle y adorarla”.
La expresión artística en las alfombras
La técnica permite a los participantes desarrollar una amplia variedad de diseños. Las familias recurren a figuras que van desde las caricaturas contemporáneas hasta complejas obras artísticas que reflejan sus promesas, convirtiendo la calle en una galería temporal.
La paradoja del crecimiento: retos y la visión de pueblo mágico
Si bien la autodeterminación como "capital cultural del Soconusco" se ha ganado por la calidad de sus atractivos artísticos, religiosos y gastronómicos, la creciente popularidad de las festividades expone retos logísticos severos para la pequeña localidad.
Julio Gamboa Altuzar, alcalde de Tuxtla Chico, señaló que cada año se superan los récords de asistencia. Para una localidad que apenas cuenta con unos 41 mil habitantes, la llegada de casi 200 mil personas genera una presión notable sobre la infraestructura.
El impacto del evento es tan significativo que, durante el día principal de la Feria, la fila de vehículos que buscan ingresar al pueblo llega a superar los cinco kilómetros, una advertencia clara sobre la necesidad de planificar la gestión de masas.
El alcalde agregó que, a pesar de no poseer una distinción oficial, Tuxtla Chico cumple con todas las características que lo harían elegible como Pueblo Mágico. La tradición de las alfombras de aserrín actúa como el pilar que sostiene su identidad cultural y su ambición de reconocimiento formal.
La meticulosidad con la que se elaboran los dos kilómetros de alfombras es el reflejo de una fe profunda que ha cimentado la identidad de Tuxtla Chico durante más de medio siglo. Este arte popular, transmitido de generación en generación, asegura que la Virgen Santa María de Candelaria siga siendo el punto de convergencia para miles de personas, desafiando a las autoridades a equilibrar la preservación de la tradición con la exigencia de manejar un turismo de escala nacional e internacional.