Al 26 de febrero de 2026, el tipo de cambio se sitúa en 17.18 pesos por dólar, mostrando una resiliencia notable en un rango de 17.12 a 17.25. Este comportamiento se sustenta en el crecimiento estable del Producto Interno Bruto (PIB) del cuarto trimestre de 2025, según datos del INEGI, brindando soporte psicológico a los inversionistas.
¿Qué factores macroeconómicos impulsan la fortaleza actual del peso?
La paridad del peso frente al dólar se ve determinada por una tríada de elementos macroeconómicos interconectados. El diferencial de tasas de interés, con el Banco de México (Banxico) manteniendo su tasa de referencia en 7.0% mientras la Reserva Federal (Fed) ha pausado su ciclo de normalización, genera un atractivo diferencial para operaciones de carry trade. Adicionalmente, la productividad manufacturera, impulsada por la consolidación de plantas de semiconductores y componentes eléctricos en el norte del país, ha incrementado significativamente la entrada de divisas por exportaciones. Finalmente, la disciplina fiscal, evidenciada por el cumplimiento de las metas de déficit público del 4.1% del Producto Interno Bruto (PIB) para 2026, ha mitigado las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda soberana, fortaleciendo la confianza de los mercados.
¿Cómo se proyecta la volatilidad del peso y qué riesgos la configuran?
En la última semana, el peso experimentó una apreciación marginal del 0.45%, consolidándose lateralmente con interrupciones breves por las minutas de Banxico publicadas el 19 de febrero, que sugirieron una postura "restrictiva por más tiempo". La evidencia técnica revela que la tendencia fue de una consolidación lateral. Se proyecta una ventana de volatilidad moderada para los próximos siete días, con un sesgo al alza (depreciación) hacia los 17.35 pesos. El mercado estará atento a los datos de empleo en Estados Unidos, donde cualquier sorpresa en la nómina no agrícola podría fortalecer al dólar globalmente. Asimismo, los primeros borradores de posicionamiento para la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) en 2026 generarán ruido político. La publicación del reporte mensual de remesas también será crucial, ya que una caída en el flujo estacional podría presionar la oferta de dólares.
¿Qué estrategias deben adoptar los actores económicos ante el escenario cambiario?
La coyuntura actual presenta oportunidades y desafíos que requieren estrategias diferenciadas para los actores económicos. Los factores a favor incluyen un nearshoring maduro, donde las inversiones anunciadas en 2024 y 2025 ya están operando y generando flujos constantes de Inversión Extranjera Directa (IED). La inflación bajo control, convergiendo al 3.0%, permite al peso ganar poder adquisitivo real frente a otras monedas emergentes, y los niveles récord de reservas internacionales actúan como un escudo ante choques externos repentinos.
Sin embargo, persisten factores en contra como la incertidumbre geopolítica, con tensiones comerciales persistentes entre Estados Unidos y China que rebalancean las carteras hacia activos de refugio como el dólar y el oro. La inestabilidad en los precios energéticos, particularmente la volatilidad de la mezcla mexicana de exportación, afecta los ingresos fiscales. Además, el riesgo regulatorio, ante posibles cambios en el marco legal de órganos autónomos, podría inquietar a las calificadoras de riesgo.
Para los importadores, se recomienda aprovechar los niveles actuales por debajo de 17.20 para liquidar obligaciones en dólares o contratar coberturas cambiarias (Forwards) ante la posible volatilidad de marzo. Los inversionistas deben considerar mantener posiciones en renta fija local (Cetes), dado que el diferencial de tasas sigue siendo el principal motor de valor para el peso. Finalmente, las empresas exportadoras deben optimizar sus costos operativos en pesos, ya que la moneda se mantendrá "relativamente fuerte" en el corto plazo, lo que podría reducir el margen de competitividad por precio.



