Un escenario de violencia extrema ensombreció la jornada 37 de la Segunda División de España durante el derbi entre el Real Zaragoza y el Huesca. El guardameta argentino Esteban Andrada, pieza clave del conjunto maño, protagonizó una agresión directa contra el capitán rival, Jorge Pulido, provocando una gresca generalizada en los instantes finales del encuentro disputado este domingo 26 de abril de 2026.
Cronología del incidente en La Romareda
Los hechos se desencadenaron en el tiempo de compensación, al minuto 98, con el marcador reflejando una victoria mínima (1-0) a favor del Huesca. La tensión competitiva derivó en un altercado inicial que el cuerpo arbitral intentó sofocar mediante el reglamento.
- Expulsión inicial: El árbitro central detectó un empujón deliberado de Andrada sobre Pulido, procediendo a mostrarle la tarjeta roja de forma inmediata.
- Pérdida de control: Tras ser expulsado, el portero argentino desestimó la autoridad arbitral y, en lugar de abandonar el campo, buscó premeditadamente al defensor rival.
- Agresión física: Andrada propinó un fuerte puñetazo en el rostro a Jorge Pulido, acto que transformó una incidencia disciplinaria en una riña campal ante la consternación de los presentes.
Posibles consecuencias y marco disciplinario
La naturaleza de la acción, al ocurrir después de que el jugador ya había sido sancionado con la expulsión, agrava la situación jurídica del arquero ante el Comité de Competición de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF).
Bajo el Código Disciplinario vigente, una agresión de esta magnitud se clasifica como una infracción grave. El Real Zaragoza se enfrenta ahora a la pérdida de su guardameta titular en la recta final de la temporada, un golpe anímico y deportivo de gran calado.
Impacto para el Real Zaragoza y el Huesca
Este lamentable episodio deja al Real Zaragoza en una posición vulnerable para los últimos compromisos de LaLiga Hypermotion. Mientras se espera el dictamen oficial, el club deberá gestionar no solo la ausencia técnica de Andrada, sino también las repercusiones de imagen institucional por los actos de violencia física injustificada en el terreno de juego.
Las autoridades de la liga han reiterado que se busca mantener sanciones ejemplares para erradicar este tipo de conductas en el fútbol profesional, garantizando la integridad de los jugadores y el respeto al reglamento deportivo.




