La deuda pública consolidada de los mercados desarrollados (DM) alcanzará los $75.5 billones de dólares para fines de 2026, según el informe de Fitch Ratings publicado el 3 de febrero de 2026. Esta cifra equivale al 105% de su Producto Interno Bruto (PIB). El incremento proyectado de $4.4 billones de dólares refuerza una tendencia insostenible impulsada primariamente por el gasto de Estados Unidos y pone en serio riesgo la estabilidad fiscal de las principales potencias.
Fitch Ratings enfatizó que esta acumulación de pasivos no es un fenómeno reciente, sino la continuación de una tendencia ascendente que ha persistido por dos décadas. La deuda pública ha crecido sin cesar desde los $26 billones de dólares, cuando representaba el 68% del PIB. La trayectoria crítica de esta escalada fiscal está marcada por Estados Unidos, el actor principal en este desequilibrio, lo que sugiere que la solución requiere medidas de contención transatlánticas.
Los grandes déficits en las 10 mayores economías desarrolladas (DM10)
Dentro de las 10 principales economías desarrolladas, Fitch Ratings prevé que los déficits presupuestarios generales mantendrán niveles históricamente altos. Las proyecciones muestran una discrepancia significativa entre las potencias, con Estados Unidos a la cabeza en gasto desequilibrado.
Estados Unidos liderará el registro de déficit presupuestario general, con un 7.3% del PIB, lo que se traduce en un gasto de $2.3 billones de dólares estadounidenses.
El resto de los países del DM10 también enfrentan presiones fiscales severas. A continuación, se detalla la comparativa proyectada para este año (2026):
La agravación del desafío fiscal: Estímulo y geopolítica
Fitch identificó dos catalizadores principales que intensificarán las presiones sobre la deuda y dificultarán su estabilización. Primero, los programas de estímulo fiscal tienen consecuencias a largo plazo. La agencia proyecta una ampliación del déficit a partir de 2025 en Estados Unidos, Alemania y Japón como resultado directo de dichas políticas.
Segundo, el aumento de los riesgos geopolíticos mundiales intensificará las demandas de gasto en defensa que afrontan los países desarrollados. Esto se suma al desafío de estabilizar la deuda en un entorno económico caracterizado por:
- Crecimiento moderado del PIB.
- Aumento constante de los costos de los intereses.
- Fuertes exigencias de gasto social y militar.
- Un contexto político interno complejo.
Matices del entorno económico regional
Si bien el foco se centra en la deuda de las potencias, el contexto económico circundante muestra otras fricciones. Por ejemplo, en México, la caída de las remesas alcanzó el 4.5% en 2025, totalizando $61 mil 791 millones de dólares (mdd), según datos del Banco de México (BdeM). Esta baja, que alcanzó los $5 mil 322 mdd solo en diciembre (una alza de 1.9% interanual), se enmarca en el recrudecimiento de la política migratoria de Donald Trump, lo que demuestra la interconexión de las políticas de las potencias con las economías vecinas.
En el mismo país, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) informó que el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) "no parece superior a punto uno por ciento", según señaló Edgar Amador Zamora. El funcionario destacó que los precios de los combustibles se mantuvieron estables, lo que aporta una perspectiva positiva para la inflación regional.
Finalmente, el sector de servicios en línea también refleja la volatilidad económica. La plataforma de supermercados en línea Jüsto relanzó sus operaciones, informando una capacidad operativa inicial del 80%. Su plan de reactivación busca recuperar el 100% de la capacidad que tenía antes de anunciar su cierre en 2025.
La perspectiva de una deuda pública que supera el 100% del PIB en las naciones desarrolladas —siendo Estados Unidos el motor principal— no solo es una cifra récord, sino el indicador de que los gobiernos han agotado sus herramientas fiscales tradicionales. La combinación de crecimiento lento, alto coste de intereses y la necesidad de aumentar el gasto en defensa debido a la tensión geopolítica global obliga a reevaluar urgentemente la sostenibilidad del modelo económico actual. ¿Hasta qué punto el estímulo fiscal a corto plazo justifica la hipoteca de la prosperidad futura de las economías más grandes del mundo?


