La reunión celebrada entre el presidente colombiano Gustavo Petro y el presidente estadounidense Donald Trump el 3 de febrero de 2026 en Washington significó un giro sorpresivo en las relaciones bilaterales, pasando de un año de insultos y amenazas mutuas a elogios y acuerdos pragmáticos. Esta cumbre en la Casa Blanca, calificada por Petro con un ‘Nueve’ (de diez) y descrita por Trump como "positiva" y "un honor", priorizó la lucha conjunta contra el narcotráfico mediante la compartición de inteligencia clave sobre jefes criminales que operan desde el extranjero.
Este encuentro revirtió de manera ostensible la hostilidad previa y sentó las bases para un enfoque binacional diferente en la guerra contra las drogas, donde Colombia aportó datos precisos sobre la cúpula del narcotráfico. El hecho de que ambos mandatarios decidieran "pasar la página" y buscar el común acuerdo, según la información de Jairo Gómez para La Jornada, marcó un nuevo paradigma en la dinámica histórica entre ambos países.
El inesperado deshielo diplomático y la puesta en escena
El encuentro del 3 de febrero de 2026, ampliamente publicitado, adquirió un peso simbólico enorme tras un año de tensión máxima. El quiebre fue tan evidente que los dos líderes no escatimaron en cumplidos, contrastando fuertemente con las anteriores agresiones verbales mutuas.
La Casa Blanca planeó la reunión no solo con los dos presidentes y sus respectivos cancilleres, sino que incluyó figuras de alto calibre político. El vicepresidente estadounidense J.D. Vance asistió a la cita, así como el senador Bernie Moreno, de origen colombiano, quien es reconocido como un acérrimo rival político de Petro. La inclusión de Moreno demostró la intención de Washington de exponer la reunión a diferentes perspectivas políticas internas.
La agenda central: Narcotráfico y la nueva estrategia de inteligencia
Como ha sido la constante diplomática durante los últimos 50 años—desde que Richard Nixon instauró la guerra contra el tráfico de estupefacientes y que alcanzó su punto álgido con el Plan Colombia—, el narcotráfico fue el punto central del encuentro de febrero de 2026.
Sin embargo, el presidente Petro presentó una perspectiva radicalmente nueva y crítica al enfoque tradicional. Durante la rueda de prensa posterior, Petro reveló la entrega de "hojas de inteligencia sobre la cúpula del narcotráfico" a Trump. El punto clave de esta información fue que los capos no residen en Colombia.
La identificación de capos que viven en el extranjero
Petro proporcionó a Trump los "nombres propios y sus alias" de los verdaderos jefes criminales, quienes "dominan a los capos en Colombia" pero que viven fuera de sus fronteras, incluyendo Estados Unidos.
El presidente colombiano fue directo en su solicitud a Trump:
> "Le pedí (a Trump) que juntemos la fuerza para perseguir sus capitales y capturarlos fuera de Colombia, en donde están viviendo porque si no, no acabamos el narcotráfico ni en Colombia ni en Ecuador ni en América Latina ni en Estados Unidos.”
Rectificación de datos sobre cultivos de coca
Petro también corrigió al presidente Trump sobre los datos erróneos de los cultivos de hoja de coca, la materia prima de la cocaína. Sostuvo que la ONU y su agencia antidrogas se habían equivocado, asegurando que la "disminución del cultivo ha sido ostensible." Petro expresó su sorpresa por "el nivel de desinformación en que tenían a Trump" y notó que el mandatario estadounidense “lo entendió”.
Estatus en la “lista Clinton” y la agenda paralela de Petro
La visita de Gustavo Petro a Estados Unidos fue posible gracias a un permiso especial de Estado, ya que el presidente colombiano aún se encuentra en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), conocida popularmente como “lista Clinton”. Esta lista incluye a personas y empresas señaladas por Estados Unidos de tener vínculos con el narcotráfico, lo que impone sanciones y restricciones de viaje.
A pesar de su estatus singular, Petro restó importancia a su inclusión en la OFAC, cuando se le preguntó si había conversado sobre el tema con Trump o con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. El mandatario colombiano respondió despreocupadamente que "en vistas de Estado no expongo problemas personales.”
Petro aprovechó su estadía en Washington para desarrollar una agenda paralela de alto perfil, que incluyó:
- Visita a la OEA: Cuestionó la eficacia de la Organización de Estados Americanos y, por extensión, de las Naciones Unidas.
- Reuniones con congresistas: Sostuvo encuentros con miembros del Congreso estadounidense.
- Conferencia académica: Dictó una ponencia en la Universidad Gergetown, donde insistió en su propuesta para combatir el cambio climático, señalando que el consumo continuado de combustible fósil "llevará al exterminio de la humanidad."
El contraste político en Bogotá
La derecha colombiana había pronosticado un desastre diplomático y, según el informe, estaba "ávida de malos resultados" con la esperanza de ver a "Petro ahorcado" políticamente. Ante el resultado positivo y el común acuerdo alcanzado, este sector se quedó sin argumentos sólidos.
El único punto de ataque posterior fue la afirmación de que el presidente colombiano había ordenado bombardeos contra la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) por imposición directa de Trump. Sin embargo, esta versión fue rotundamente desmentida por el ministro de Defensa, Pedro Sánchez. Finalmente, no hubo "linchamientos ni frases altisonantes"; los dos líderes optaron por la cooperación.



