El congresista republicano Carlos A. Giménez generó una escalada de tensión al arremeter públicamente contra la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, acusándola de ser una "marioneta de la dictadura de Cuba". Esta declaración se produjo tras los cuestionamientos de Sheinbaum a la presencia en México de la activista anticastrista Rosa María Payá Acevedo, lo que desató una inmediata respuesta por parte de la cancillería mexicana. México, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), exigió el respeto al principio de no intervención.
Aunque México no busca la confrontación con actores de Estados Unidos, el subsecretario para América del Norte de la cancillería mexicana, Roberto Velasco, dejó en claro que se debe respetar la soberanía nacional y sus decisiones. La respuesta, difundida en redes sociales, sirvió para recordar a Washington que la presidenta Sheinbaum fue elegida democráticamente y que la política exterior del país se funda en principios históricos de autonomía.
La réplica soberana de la cancillería mexicana
El enfrentamiento verbal se desarrolló en la red social X. El congresista republicano Carlos A. Giménez, sin arrobar a la jefa del Ejecutivo mexicano, lanzó fuertes acusaciones esta mañana, postulando una conspiración de saqueo:
> "Queda claro que Claudia Sheinbaum es nada más que una marioneta de la dictadura en #Cuba, manejada por agentes castristas que están saqueando a #México."
El funcionario republicano añadió que las "calumnias de Sheinbaum contra la líder opositora Rosa María Payá expone su preocupante colaboración con el régimen".
Frente a esta postura, Roberto Velasco, alto funcionario de la SRE, fue tajante. Recordó que, si bien el diálogo constructivo se mantiene abierto, la no intervención y el respeto a las decisiones mexicanas son innegociables. Velasco declaró: "Nuestra política exterior es soberana y se basa en principios históricos. Como le expresé personalmente, no buscamos confrontación, pero sí el respeto a nuestras decisiones y a la no intervención."
El origen del conflicto: la activista rosa maría payá
La raíz de esta confrontación diplomática se encuentra en la presencia en México de Rosa María Payá Acevedo, una ciudadana estadounidense de origen cubano. Payá es una abierta activista anticastrista y actualmente funge como comisionada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
- La activista fue promovida para su cargo en la CIDH por la administración de Donald Trump, contando con el respaldo del entonces secretario de Estado, Marco Rubio.
- Recientemente, la presidenta Sheinbaum Pardo cuestionó su presencia y sus actividades en el país.
Según la información reportada, Payá ha realizado en meses recientes visitas a México que no han tenido un carácter institucional. El objetivo de estas estancias era reunirse con sectores de la derecha local, sin que conste que buscara el acercamiento o la reunión con autoridades del gobierno mexicano ni que contara con una misión oficial en el país.
Implicaciones de la presencia no institucional en méxico
Uno de los eventos que desató los cuestionamientos ocurrió el pasado 22 de enero, cuando Rosa María Payá Acevedo participó en la Ciudad de México en el foro titulado Cuba y América Latina, seis décadas de autoritarismo.
El foro fue organizado por la Universidad de la Libertad, una institución fundada por el empresario Ricardo Salinas Pliego, y patrocinado directamente por el Centro Ricardo Salinas Pliego.
Interrogada sobre el caso durante su conferencia matutina "ayer", la presidenta Sheinbaum Pardo estableció el límite que espera de los comisionados internacionales: “No deberían –si vienen a nombre de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos– militar a favor de una u otra causa, sino solamente a revisar, de acuerdo a quejas en los casos”.
Tras hacer pública su postura, la presidenta sostuvo que solicitó a la SRE un informe detallado sobre el caso particular de Payá Acevedo y sus actividades, subrayando la sensibilidad que implica que una comisionada de la CIDH participe en actos políticos internos mientras ostenta un cargo internacional.
La soberanía de México siempre ha sido un pilar central en su diplomacia. Cuando actores externos, ya sean funcionarios estadounidenses o comisionados internacionales, eligen intervenir en el debate político interno y alinearse con facciones específicas, ¿hasta qué punto el silencio deja de ser prudencia para convertirse en una abdicación de la autodeterminación nacional?